Verdes valles, colinas rojas: quizá la descripción más apasionante de Vizcaya sea la de la enorme, en todos los sentidos, novela de Pinilla. Imaginados los protagonistas, pero reales el territorio y su devenir. Desde su origen, hay constancia del poblamiento por caristios, autrigones, vascones y várdulos. Llegaron celtas, romanos, visigodos, vikingos, normandos, árabes, astures, leoneses, castellanos, franceses, ingleses y corsarios varios, unos con intención de instalarse y otros de saquear. En el siglo XII ya hay constancia escrita de la concesión de privilegios, pero las luchas banderizas no permiten la materialización del Fuero Viejo del Señorío de Vizcaya hasta 1452. Comarcas, como la del Duranguesado o Las Encartaciones, rebosan una sangrienta historia, que se refleja en castillos, torres, casas fuertes, murallas e iglesias fortificadas. Otras edificaciones se construyeron con un fin más espiritual, como los templos románicos de San Miguel de Zumetxaga y San Salvador de Fruiz o la iglesia gótica de Balmaseda. Los espacios naturales más destacables son el Parque de Urkiola, con el monte Anboto, y la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, en cuyas proximidades está el bosque de Oma pintado por Ibarrrola. La costa está salpicada de atractivos: Sopelana, Plencia y Gorliz con sus dunas petrificadas, Atxarbirbil, Zierbena, Barrika, Elantxobe o Mundaka, sueño de surfistas.
© 2010 Herminia Bevia Villalba