Los malagueños, con su peculiar humor andaluz, la llaman cariñosamente “la Manquita” por faltarle una de sus torres. Pero lo cierto es que esta majestuosa catedral, que puede admirarse desde la costa o desde el monte, es el mayor tesoro arquitectónico de la ciudad. Su construcción se extendió durante más de 250 años, dando lugar, como en otros muchos casos, a una bella confluencia de estilos. Gótica es su planta y barroca en su fachada, los jardines y patios de naranjos que la acompañan son el recuerdo de la antigua mezquita mayor sobre la que se construyó.
© 2010 Rocío Orovengua León