Museo cerrado. Una pena.
Cerca de Hernani, las ruinas de un caserío del siglo xvi, rodeado de bosque y llamado Zabalaga, aguardaron siglos a Eduardo Chillida. En pago, a lo largo de más de una década, él le entregó una obra que compendia medio siglo de vida y arte. Devolvió el arte a la naturaleza y la vida a las piedras. Encontró su leku, ese espacio propio, en el que hoy descansan su trabajo y sus cenizas bajo un magnolio.
Abierto en 2000, cuenta con unas 391 esculturas y otras piezas en diferentes materiales. En los jardines hay 40 esculturas de granito y acero, que está permitido tocar. En las dos plantas interiores se exponen más de 300 bocetos y estudios en papel, piezas de madera, arcilla, yeso, lana, alabastro, fotografías. Dispone de biblioteca y auditorio, en el que se celebran exposiciones temporales, conciertos y actividades lúdicas.
© 2010 Herminia Bevia Villalba