Misteriosas luces que recorren sus rincones, enclaves brujescos de enigmática belleza, fuentes mágicas, cuadros milagreros, vírgenes negras, fauna de otro tiempo... Todo eso y mucho más es lo que esconde La Gomera, una isla que aún parece conservar los ecos de sus antiguos pobladores prehispánicos. La isla, la más antigua de Canarias, donde los volcanes y malpaíses han desaparecido para formar profundos e inaccesibles barrancos, poblados de cañaverales, palmeras y bancales de plataneras (“llanos” para los lugareños), es el paraíso de senderistas, excursionistas y ciclistas de montaña. En apenas unos kilómetros asciende desde el paisaje más bien africano de la costa hasta los brumosos casi 1.500 metros del Alto de Garajonay. Con su vegetación prehistórica, sus sitios sagrados y sus creencias mágicas, su alfarería arcaica y sus recetas antiguas que todavía es posible degustar en algunos de sus rincones, la isla supone en esencia un viaje en el tiempo. Cabe destacar el lenguaje del silbo, de origen prehispánico, producto de la necesidad de salvar valles, barrancos y altas montañas para comunicarse entre los distintos pueblos sin tener que realizar grandes desplazamientos.
© 2009 Alicia Fernández Bencomo