La estratégica situación de la ciudad y su carácter fronterizo con los reinos musulmanes tras la reconquista de la ciudad en 1230 pueden ser los motivos por los que este templo presenta una apariencia de fortaleza militar. Construida entre los siglos XIII y XIV destaca por su sencillez y severidad. Destacan la torre, más propia de una construcción defensiva que de un templo, y sus muros almenados. El único elemento que rompe con la sobriedad exterior es una ventana de estilo plateresco situada en el segundo cuerpo de la torre.
El interior es oscuro, acogedor, íntimo, propicio para poner al alma en contacto con el buen Dios Padre. Alberga numerosos tesoros artísticos y un interesante museo catedralicio.